Son muy frecuentes los casos de clientas que tienen un largo historial de embarazos no logrados. Son aquellos que por cualquier causa o complicación no llegan a término. Hay quien les llama también abortos espontáneos.

Y es que hoy en día se presta mucha atención al aspecto emocional del embarazo no logrado, pues la mujer suele comunicar su estado desde el principio. En el siglo XIX la mujer no daba la noticia hasta que nacía un bebé sano e incluso llevaban fajas especiales para esconder su embarazo. Entonces llevar “ropa de embarazada” era impensable. Todavía a principios del siglo XX se seguía ocultando el embarazo y en los anuncios de publicidad de estas fajas se incluía la frase “para disimular la condición y evitar vergüenzas”. De ahí que los embarazos no logrados ni siquiera se mencionaran, aunque esto no significa que el dolor no existiera. En casi todas las sociedades se creía que los embarazos no logrados se debían a un comportamiento inapropiado, a los malos hábitos y, también, al “exceso” de relaciones sexuales. Durante muchos años el tema fue tabú y rara vez se discutía, ni siquiera entre la propia pareja o con los médicos. Incluso ahora mucha gente se siente incómoda al mencionarlo. Por lo general, la infertilidad se asocia con la incapacidad para concebir. Sin embargo, algunas parejas sí logran el embarazo, pero su problema es que este no llega a término.

Gran parte de las concepciones se interrumpe pasados 15 días de fertilización. La mujer suele no advertirlo, ya que su única señal es que su siguiente menstruación es más abundante y con algunos días de retraso. Las probabilidades de que esta situación se presente aumentan con la edad.

Se ha suscitado mucha confusión porque personas públicas, por ejemplo, actrices famosas, anuncian sus embarazos con más de 40 años. Dan la impresión de que con los avances de la ciencia y la “alta tecnología reproductiva” es posible embarazarse a cualquier edad, pero esto no es así. Los adelantos de la medicina en el campo de la reproducción son impresionantes y en España tenemos magníficas clínicas y médicos especializados en infertilidad. Pero la edad de la mujer es una realidad aplastante y puede aumentar considerablemente las probabilidades de que su embarazo no se logre.

La pérdida de un embarazo es una experiencia dolorosa, incluso para aquellos sin problemas de infertilidad. Pero cuando sucede después de años de someterse a tratamientos, los sentimientos pueden ser más intensos. El duelo es muy doloroso y profundo pues es inevitable ilusionarse cuando se recibe el resultado positivo de una prueba de embarazo y las personas se involucran emocionalmente para lograr su meta.

El dolor provocado por la pérdida aumenta cuando la pareja descubre que los demás no comprenden la intensidad emocional de esta situación. Según la experiencia personal de Miguel González Erichsen, fundador de UNIVERSAL SURROGACY y abogado especializado en gestación subrogada y derecho de familia, la reacción más usual ante esta problemática de abortos espontáneos suele ser un cierto grado de depresión. Cuentan estas personas que el apoyo emocional es mínimo y  llegan hartas de recibir comentarios del tipo: “Bueno, por lo menos ya sabes que sí puedes quedarte embarazada” o “podéis descansar un poco más de tiempo sin hijos” . González Erichsen apunta que un aspecto importante, y muchas veces olvidado, es lo que el hombre sufre con el embarazo y, más aún si este se malogra involuntariamente.

Gracias a la gestación subrogada – práctica mediante la cual una mujer gesta o lleva en su vientre un bebé para otra u otras personas, con la intención de entregárselo después de que nazca- estas parejas han recuperado la ilusión y pueden cumplir su deseo de tener hijos a pesar de sus dificultades.

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